Vivir para contar


Como seres humanos, no somos capaces de ver un vídeo en el que los protagonistas son tres formas geométricas (dos triangulares y una redonda) sin imaginarnos una historia detrás. Sin querer, cogemos esas imágenes y les damos un sentido lógico. Cogemos esos elementos que se mueven por la pantalla y les damos un sexo, unos objetivos, unas aspiraciones en la vida y, lo más importante, les damos emociones. Los definimos y los situamos en el tiempo porque, para nosotros, si no vienen de algún lugar y no van hacia otro, no existen. Como seres humanos, necesitamos que el círculo esté cerrado.

Para contar una historia no sólo debemos imaginar, debemos recordar. Hay que volver al inicio y recorrer nuestra memoria, recolectando los momentos importantes que van a resumir mi historia, porque para que un relato sea, en definitiva, un relato, debe estar compuesto de personas, deseos y acciones. Un buen relato se forma a través de anécdotas, momentos que hayamos vivido en primera persona.

Si queremos contar el relato, hay que tener en cuenta que este tiene que ser para todo el mundo igual. Debemos unir los diferentes tiempos históricos en uno solo, porque cada una de las personas debe sentirse tocada por tu historia, debe sentir emoción y sentirse identificada con los hechos importantes que hemos elegido. Cuando el objetivo del equipo esté determinado y sepamos dónde queremos llegar, debemos pasar al siguiente nivel: hacer cosecha de anécdotas, hacer el primer filtro (Storycircle). Cuando ya nos hayamos reunido, vamos a compartirlo, vamos a pedir opinión y nos aseguraremos de que hayamos vivido los hechos de la misma manera (Edición). Y, finalmente, definiremos el Storytelling, es decir, cuál será nuestro relato.

El relato corporativo al final será sólo uno, no hay un relato para cada departamento o cada cargo, este esqueleto (el relato) necesita de muchas partes para finalmente poder caminar. Éste debe ir enriqueciéndose día a día, debemos ir formándolo y encontrar la historia adecuada para conectar con las personas. Debemos tener cuenta que hay que llegar, emocionar y dejar sitio para cada uno de nosotros.


Laura Garde

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