El boom de los influencers


Desde hace años, hemos visto como los blogueros, instagramers o youtubers han crecido de manera exponencial, convirtiéndose en prescriptores de opinión, y evolucionando a la figura que conocemos actualmente como Influencers. Para la generación millennial y la Generación Z, personas que han nacido en la era digital y que toman como fuente de referencia a personas anónimas, han visto como estas figuras se han logrado consagrar como verdaderos líderes de opinión que movilizan a masas y generan gran repercusión en redes sociales.

No hay un ámbito que no cuente con estos perfiles: político, entretenimiento, moda, gastronomía, motor, tecnología, videojuegos… incluso encontramos influencers militares. Éstos han creado una gran tendencia en Estados Unidos: el miblogging, blogs creados por militares, civiles y familias para dar a conocer el trabajo de las Fuerzas Armadas.

Como consecuencia a este fenómeno, se han creado nuevos puestos de trabajo, destinados a la investigación y contratación de influencers, se han destinado parte de presupuestos de muchas empresas a invertir en estas figuras, se han consolidado nuevas maneras de comunicar y, en definitiva, han cambiado las reglas del juego.

Por ejemplo, la lectura de post ha disminuido significativamente, la generación de la inmediatez busca ver una foto y leer hashtags y nada más. Todo lo que está de moda, se vuelve obsoleto, ya no vale un post, una foto o un pequeño video en el que se cuente un consejo de maquillaje o estética. Aparecen nuevos términos como housetours, unboxings o hauls, y la audiencia pide información personal: vídeos de vacaciones o bodas, incluso vídeos explicando la sexualidad o el motivo de una ruptura… Y es en ese punto donde nos preguntamos ¿Dónde está el límite? ¿Dónde empieza y dónde acaba la privacidad de estos personajes públicos?

No es de extrañar que miles de personas se agolpen en la puerta de un centro comercial o de un showroom por querer conocer a estos personajes públicos, no es de extrañar que copien sus looks, amolden su estilo de vida o adopten sus expresiones.

Esta situación cambia también la forma que tienen ahora de publicitarse las marcas. En el panorama actual, no sirve de nada regalar el producto, ya que estas personas reciben al día miles de paquetes de diferentes marcas intentando que estas personas publiquen algo y les nombren, logrando así que todos sus seguidores puedan sentirse atraídos por el producto. Las marcas intentan reinventarse y muchas de ellas optan por invitar a un número reducido de influencers a un viaje, a un evento exclusivo o las hacen imagen de marca intentando así lograr exclusividad.

Pero, ¿Qué pasará cuando esta burbuja empiece a desinflarse? Los fans se cansan de ver siempre lo mismo, de ser impactados a todas horas por la publicidad y reclaman cada vez más que estas figuras de opinión sean honestas consigo mismas y con sus seguidores.

Parece ser que los propios influencers comienzan a ser conscientes de ello, e intentan expandirse laboralmente creando por ejemplo nuevas marcas de ropa o productos cosméticos, con precios desorbitados que, muy probablemente, no se adapten al rango de edad y capacidad adquisitiva de sus seguidores.

Como consecuencia de estos factores, las marcas y las agencias de comunicación, conjunto con estos líderes de opinión, deben renovarse y buscar nuevas maneras de llegar al público.

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Lucia Pleguezuelo

Licenciada en Publicidad y Relaciones Públicas. Apasionada de la comunicación, viajes y eventos. Actualmente, en el departamento de tecnología de Atrevia.

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