Del ‘lobby’ a la diplomacia corporativa


Hacer Lobby sin analizar el contexto y desarrollar una estrategia correcta puede provocar que tus interlocutores terminen con una percepción negativa sobre tu compañía o la iniciativa que tratas de manejar, aun siendo completamente lícita y necesaria. Todas las compañías tienen la necesidad y el derecho legítimo de defender sus intereses corporativos de forma transparente y ética frente a terceros, bien sean actores del ámbito político o institucional, y estos necesitan cada día más inputs que definan la orientación de sus acciones.

Hoy, el modelo de representación de intereses ha pasado de un carácter propio del 1:1 – un modelo en el que primaban las relaciones personales – a un escenario en el que las compañías deben establecer sus posiciones de manera mucho más “diplomática” y estratégica, centrando sus líneas de acción en el conocimiento, el diálogo y la comunicación.

Debido a la fragmentación del espacio político institucional, la variedad de actores existentes nos obliga a realizar un ejercicio de análisis exhaustivo sobre quienes son las personas que hoy en día llevan la iniciativa política y regulatoria. A su vez, conocer el qué de la cuestión y la procedencia de las diferentes visiones de una determinada política nos permitirá establecer una imagen en perspectiva, y global, de los asuntos que son de interés corporativo. Si al qué y al quién le sumamos el cómo y el cuándo, en referencia a las múltiples formas de impulsar un determinado asunto unido al manejo de la agenda política empezaremos a tener claro que, en el complicado puzzle político regulatorio, cualquier pieza mal colocada nos puede hacer perder la batalla del posicionamiento y la capacidad de influencia.

La comunicación, en referencia a las acciones específicas o encaminadas a establecer alianzas estratégicas con terceros actores, es la gran olvidada por muchos a la hora de diseñar un plan de acción en el ámbito de los asuntos públicos. Un acción mediática, bien diseñada y dirigida, es una herramienta de enorme impacto que apoyará, indefectiblemente, cualquier posicionamiento corporativo en el ámbito de la defensa de sus intereses.

Por último, pero no menos importante, entre una estrategia proactiva y reactiva, es la empresa la que determinará el nivel de exposición previa que desea tener, pero en el actual contexto político siempre es preferible utilizar una posición de escucha activa y participativa que te permita mantener tu espacio público y tu capacidad de acción, en vez de que mostrar una posición invisible ante tus públicos de interés. “Siempre es mejor estar y decidir no hacer, que no estar y no tener la capacidad de poder hacer”.

Autores: Pedro Miguel Casado Casero (Director de Public Affairs) y Álvaro Antonio Couceiro Farjas (Consultor).

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