Desde que en 1996 se lanzase en Boston el Global Reporting Iniciative (GRI) hasta hoy, las empresas españolas y latinoamericanas, cotizadas y no cotizadas, han avanzado mucho en materia de RSC. Internamente, hay más conciencia, más herramientas, y más gestión. Externamente, también hay más transparencia, y más y mejor información sobre el impacto económico, social y ambiental de las empresas. El resultado es que, en 2017, muchas empresas latinas están presentes en los principales índices de sostenibilidad e, incluso, algunas de ellas los lideran.

Sin embargo, en octubre de 2014, la aprobación de la Directiva 2014/95 de la Unión Europea sobre divulgación de información no financiera y diversidad, abría la puerta a una nueva realidad: la rendición de cuentas.

Esta nueva situación da paso a un nuevo ciclo en materia de RSC: un ciclo donde los informes de sostenibilidad (aún bajo el modelo de informes integrados), son necesarios pero no suficientes; donde el partenariado con stakeholders, siendo importante, tienen que ir más allá de acciones de comunicación o marketing; donde la acción social y la filantropía empresarial, aún siendo bienvenidas, tienen que dar paso a la gestión de los impactos de las empresas, los positivos y los negativos; y un ciclo, en definitiva, donde ya no es suficiente con comunicar los acuerdos firmados con los stakeholders, sino que será necesario explicar «el contenido y los resultados» de esos acuerdos.

Se abre un ciclo, en consecuencia, donde la rendición de cuentas ante los terceros (los stakeholders) de los compromisos adquiridos empieza a ser el arco de bóveda de política de RSC.

… tiene una visión trasversal o integral, es decir, responde ante los demás como un todo, porque trabaja para romper los silos internos;

dialoga con los terceros, con sus stakeholders, para conocer sus necesidades de primera mano e, incluso, cocrear con ellos líneas de trabajo concretas en algunos temas relevantes;

asume públicamente los compromisos adquiridos con los terceros en el proceso de diálogo y escucha, de forma que exista un marco conocido con anterioridad sobre el que rendir cuentas;

informa proactiva y sistemáticamente a los terceros del grado de cumplimiento de los compromisos adquiridos, sin necesidad de esperar al fin del ejercicio y hacerlo a través de un informe anual;

explica, en su caso, las causas por las que no ha alcanzado los compromisos adquiridos, antes incluso de tener requerimientos de terceros;

… vuelve a empezar, porque en tiempos de revolución digital, el ciclo de vida de los productos y servicios es cada vez menor y lo que antes funcionaba puede dejar de valer en poco tiempo

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